Después del shock de conocer India, nos fuimos a Dubai; dos realidades totalmente distintas.
En Dubai me sorprendió la ostentación, dinero y más dinero.
Es una ciudad construida sobre el desierto, me llamo muchísimo la atención que tiene 1.5 millones de habitantes, como Montevideo, pero es una ciudad “desierta”, en donde no paran de construir gigantescas torres, autopistas, centros comerciales, el boom inmobiliario es tremendo.
Es una ciudad no apta para peatones, está pensada para circular en vehículos y para estar en lugares con aire acondicionado, el calor es insoportable, más de 10 minutos afuera y el calor te agobia.
En Dubai todo es “lo mas del mundo”, la torre más alta, el centro comercial más grande, el parque de diversiones más moderno, etc.
Han creado una ciudad, todo esplendor y grandeza, en pleno desierto, como queriendo demostrarnos el enorme poderío económico que tienen.
Pude ver un poco de la forma de vida musulmana, tan difícil de entender para nosotros; las mujeres totalmente cubiertas, con sus túnicas negras, las vimos como en “otra faceta”, estaban comprando en el shopping, lo más caro, vestidos increíbles, zapatos, joyas, lencería súper sexi.
Un día sentados cerca de la puerta de un hotel, veíamos un movimiento increíble de autos, llegaban, bajaban solo mujeres y los autos se iban, las mujeres con sus túnicas negras, pero debajo se veía que iban de fiesta. Después, gracias al portero, pudimos averiguar que se celebraba un casamiento, pero ellos festejan, por un lado la novia y sus invitadas, y por otro el novio con sus invitados, y como son solo mujeres, allí ellas pueden sacar la túnica negra y “mostrarse”.
Es una ciudad súper segura, en esa gran escenografía que es Dubai, no ves gente pidiendo, ni gente en la calle.
Es “la ciudad de la vanidad” donde el mensaje de que el dinero todo lo puede, te queda bien claro.
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